
Por fin, con más ganas de meterse en la cama que de ponerse a trabajar, Taryn pudo echar una ojeada al informe. Era monumental y la letra, casi indescifrable, llenaba todas las páginas de principio a fin.
Hacia las tres de la mañana, Taryn consiguió acostarse. Se levantó al cabo de unas horas y se duchó y vistió antes de estar completamente despierta.
Al llegar a la oficina vio que Kate no estaba y supuso que se encontraría mal. Ella tampoco estaba en su mejor momento cuando Jake entró en su despacho y comprobó, con gesto hosco, que tenía ojeras y estaba pálida.
– ¡Parece que te lo has pasado muy bien durante el fin de semana!
A ella le molestó la insinuación de que hubiera estado con Matt.
– No puedes imaginártelo -contestó ella mientras esbozaba una sonrisa.
– Bien… -gruñó él-. No has tardado mucho en olvidar a Brian Mellor, ¿eh?
Taryn sintió que, si hubiera tenido fuerzas, se habría marchado en ese instante.
– ¿Quién ha dicho que lo haya olvidado? -soltó ella aunque él tuviera razón.
– Ya… -farfulló Jake antes de pedirle unos documentos.
Kate llegó sobre las diez y parecía tan agotada como Taryn. Aunque su jefe estuvo más compasivo con ella. A Taryn también le pareció que estaba siendo intencionadamente incordiante, que había dejado abierta la puerta entre los despachos para mirarla mientras trabajaba, algo que ella detestaba.
***
Taryn recuperó el equilibrio a lo largo de la semana y le alegró comprobar que su jefe parecía haber encontrado su lado más resplandeciente. Estaba claro que la atención que le prestaba Sophie Austin tenía algo que ver. Taryn se dio cuenta de que no paraba de llamarlo y no le hizo demasiada gracia; aunque también estaba segura de que le importaban un comino las Sophies o Lousies que lo llamaran.
Había sido una semana espantosa y se alegró de que hubiera llegado el viernes. Kate se fue de compras a la hora de comer y ella fue a la cafetería, donde compró un sándwich para seguir trabajando mientras comía. Iba de camino a su mesa cuando vio que Kenton Harris, otro de los directores, se dirigía hacia ella. Rondaba los cuarenta y ya iba por su segundo matrimonio. Según los rumores, ese matrimonio también hacía aguas. Taryn, sin embargo, creía que era inofensivo.
