– ¿Qué tal todo? -preguntó él.

– Me gusta mucho el trabajo.

Taryn se habría apartado, pero él estiró un brazo y lo apoyó en la pared delante de ella.

– Bien, bien… -comentó él-. Tengo dos entradas para ir mañana al teatro. Me encantaría que me acompañaras. Podríamos…

– ¿Estás casado? -preguntó ella sin rodeos.

Él se quedó algo desconcertado, pero contestó con sinceridad.

– A punto de divorciarme.

– Propónmelo cuando te hayas divorciado.

Él pareció más desconcertado todavía.

– ¡Eso es una cita! -exclamó con una sonrisa.

Sin motivo alguno, toda la situación se convirtió en cómica y Taryn se encontró sonriéndole. Había sido un momento gracioso, pero quería volver a su mesa. Entonces se dio cuenta de que no estaban solos en el pasillo. Jake estaba detrás de Kenton Harris y no parecía muy contento de que su secretaria personal estuviera riéndose con uno de sus directores. Aun así, decidió que no tenía por qué salir corriendo a su mesa. Podía pensar lo que quisiera. Fue al cuarto de baño y cinco minutos después salió más tranquila. Sin embargo, en cuanto se sentó, Jake Nash apareció como caído del cielo.

– No puedes evitarlo, ¿verdad?

– ¿El qué? -preguntó ella sin alterarse.

– Coquetear con hombres casados. Le diré, señorita Webster, que no le pago para que coquetee en el tiempo que me corresponde.

– ¡Es muy discutible que mi tiempo para comer sea el tiempo que te corresponde!

– ¿Sabes que está casado? -le preguntó él con acritud.

– Me he ocupado de enterarme, naturalmente -respondió ella.



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