
– No sé qué decir -dejó escapar ella con un hilo de voz.
– Evidentemente, esta noche tienes un buen plan.
– No tenía tiempo de ir a casa a cambiarme.
– Ya me he dado cuenta de eso -replicó él irónicamente.
Taryn sintió una punzada de irritación.
– Tengo que irme. Matt está esperándome fuera.
– Supongo que tengo que agradecerte que no lo invitaras a subir para que te frotara la espalda -el tono fue muy mordaz.
Taryn volvió a sentir ganas de pegarle.
– Será mejor que me vaya.
Taryn salió del despacho y, ante su asombro, Jake salió detrás. Además, mientras esperaban al ascensor, le tomó la percha con la ropa usada. Entraron en el ascensor y ella exclamó:
– ¡Me he olvidado la toalla!
– No te sigo.
– La toalla que he usado. Pensaba llevármela a casa, lavarla y traerla el lunes.
– Así, yo no me enteraría -comentó él con tono burlón-. Yo no me preocuparía, el departamento de limpieza se ocupará.
– Buenas noches -le deseó ella cuando llegaron a la planta baja.
Taryn quiso recuperar la percha, pero él no hizo amago de dársela. Jake cruzó el vestíbulo y Taryn comprendió que tendría que presentarle a su primo. Hacía una noche preciosa y todavía había luz. Taryn vio a Matt. Él también los vio y salió del coche inmediatamente.
– Siento haberte hecho esperar -se disculpó ella.
– Merece la pena esperarte -contestó él antes de darle un beso en la mejilla.
– Te presento a mi jefe, Jake Nash. Él es Matthew Kiteley.
Iba a haber añadido que era su primo, pero los dos hombres se estrecharon la mano y Matt se hizo cargo de la percha. Entonces, Taryn pensó que no tenía por qué decírselo, como si ella no pudiera quedar con un hombre un viernes por la noche…
