
Ella levantó la cabeza como impulsada por un resorte y comprobó que Jake no sonreía.
– ¿Qué quieres decir?
– Yo creía que los hombres casados perdían el tiempo contigo hasta que se hubieran divorciado. Él sigue llevando anillo.
– Seguramente no querría correr el riesgo de olvidarse de ponérselo antes de volver a su casa -respondió dispuesta a que él pensara lo que quisiera.
– A Martin y Black…
Jake empezó a dictar a una velocidad que Taryn casi no podía seguirlo. Cuando se sentó para mecanografiarlo, pensó que se alegraría mucho de que Jake volviera a tener trabajo en el extranjero.
Eso pensó, pero tuvo que replanteárselo cuando el miércoles, después de que volviera a pedirle que reservara una mesa para dos el sábado, en Raven esa vez, le dijo que el jueves y el viernes tenía unas reuniones en Italia. En cierto sentido, le fastidió la idea de que él no estuviera.
– ¿Quieres que te haga las reservas de hotel? -preguntó ella.
– Si fueras tan amable… Kate sabe dónde me gusta alojarme. Reserva dos habitaciones -añadió él para desasosiego de Taryn.
– ¿Dos? -preguntó ella antes de poder evitarlo.
Se sintió dominada por una sensación de náusea, aunque también sabía con certeza que le daba igual quién fuera la mujer que iba a llevar. Sin embargo, lo más sorprendente era que reservara otra habitación.
– Dos -confirmó él-. Si no te importa, prefiero que tengas tu propia habitación -añadió él para pasmo absoluto de Taryn.
– ¿Que voy a Italia contigo…?
– Kate no puede ir -replicó él lacónicamente.
Taryn comprendió que prefería que ella tuviera su propia habitación y que también habría preferido que hubiera ido Kate. Kate le había comentado durante la entrevista que de vez en cuando lo acompañaba al extranjero, pero ella nunca pensó que llegaría a sustituirla.
– ¿Habremos vuelto el viernes por la noche? -preguntó ella como si tal cosa.
