– ¿Tienes cómo ir a tu casa? -se dignó a preguntarle Jake cuando aterrizaron.

– Sí, gracias -habría contestado lo mismo aunque hubiera tenido que ir andando.

– Gracias por tu trabajo de estos días.

Ella notó que estaba ablandándose y no quería hacerlo.

– Para eso me pagas -replicó educadamente antes de marcharse.

En el coche, de vuelta a su casa, se reconoció que se encontraba rara. Era él, pero no sabía por qué tenía esa influencia en sus sentimientos.

Afortunadamente, su madrastra había contratado a otra ama de llaves, la señora Ferris. Una mujer de mirada implacable que estaba en la casa cuando Taryn entró. Taryn pudo predecir las batallas que se avecinaban entre el ama de llaves y Eva, pero la presencia de la señora Ferris hizo que su vida fuera mucho más cómoda. El sábado tuvo tiempo para repasar las notas que había tomado y seguía repasándolas cuando llamó su tía Hilary.

– ¿Vas a hacer algo esta noche? -preguntó su tía-. Ya sé que estás libre de tareas domésticas.

– ¿Conoces a la señora Ferris?

– La he buscado yo. Es una mujer imponente. Demasiado buena como para desperdiciarla con alguien que no sea Eva.

– ¡Eres incorregible! -Taryn se rió.

– Tengo un problema.

– ¿Cuál? ¿Puedo hacer algo?

– Sí. Es mucho pedir, pero necesito una recepcionista de hotel esta noche. Sólo son unas horas. Parece que nadie está dispuesto a ir por tan poco tiempo. Yo me he comprometido…

Taryn tampoco quería hacerlo, pero la lealtad familiar hizo acto de presencia y comprendió que no tenía escapatoria.



52 из 109