– ¿Sabes que no tengo ni idea de lo que hace la recepcionista de un hotel?

– Eso no será un inconveniente.

Hilary, con un tono de alivio evidente, le explicó que el hotel Irwin tenía reservado un acto importante para esa noche, pero se había quedado sin parte del personal por un brote de gripe y el señor Buckley, el director, se conformaba con que hubiera alguien presentable en la recepción.

– ¿Sólo tengo que estar ahí durante unas cuantas horas?

– Sólo eso… lo prometo. A lo mejor tienes que dar alguna llave y registrar a alguien, pero no esperan clientes nuevos a esa hora de la noche; aparte de los que vayan a ese acto. Es una cena importante y es posible que tengas que indicarles dónde está el salón, aunque estará señalizado.

Taryn no se creía que fuera tan sencillo.

– ¿Habrá alguien conmigo?

– Hay un novato sin gripe. Él te enseñará lo fundamental, pero no tendrás que hacer casi nada.

Taryn tomó nota de la dirección y se despidió de su tía. No le apetecía nada el panorama, pero Hilary se había portado siempre muy bien con ella. Incluso le había proporcionado el trabajo con Osgood Compton. Si no lo hubiera hecho, nunca habría conocido a Jake y Jake… estaba permanentemente en su cabeza.

Al cabo de un rato, volvió a sonar el teléfono y supuso que sería su tía con alguna instrucción que se había olvidado.

– ¡Hola!

Se quedó helada. Era Jake.

– Te necesito aquí -dijo él sin más preámbulos.

– ¿Cómo? ¿En la oficina?

– En mi casa -contestó él lacónicamente-. Pasa algo con las notas que me has hecho… no las entiendo bien… Quiero repasarlas contigo.

Él llevaba toda la semana trabajando y seguía trabajando. ¿No paraba nunca? Aunque ella sabía que esa noche iba a cenar al Raven…

– ¡Ya las he repasado yo! -se quejó ella.

Sin embargo, también sintió unas ganas irrefrenables de dejar lo que estaba haciendo, que no era gran cosa, y de ir a verlo.



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