Cuando empezaron a servir los cafés y algunos comensales se levantaron, Taryn sintió la necesidad de esconderse. Había terminado de pasar la última ronda de café e iba a entrar en la cocina cuando lo oyó muy pegado a su oído.

– ¡Ya sé qué haces los fines de semana!

Taryn, rabiosa, lo miró a los ojos, pero él la miraba sin alterarse y sin expresar nada. Ella entró en la cocina, pero sabía que la cosa no acabaría ahí.

Capítulo 5

El domingo por la mañana, después de no pegar ojo en toda la noche, Taryn había aceptado que su breve paso por Nash Corporation había llegado a su fin, porque sabía que Jake exigía una lealtad plena y que no aceptaría a alguien en ese nivel que hiciera otros trabajos por la noche, aunque fueran temporales.

Se quedó unas horas en su habitación pasando las notas que había tomado en Italia. Sabía que no volvería a trabajar para Jake, pero era una cuestión de orgullo dejar el trabajo terminado antes de marcharse.

El lunes se levantó especialmente pronto. De no haber sido por lo que guardaba en el maletín y porque tenía que devolver el ordenador portátil, ni siquiera habría ido a la oficina. Sin embargo, ya que tenía que ir, prefería que la despidieran antes de que hubiera más gente alrededor.

Dejó el ordenador portátil en su sitio a las ocho y cuarto. Con un vacío en el estómago, se puso muy recta, llamó a la puerta que separaba los dos despachos y entró. Como había supuesto, Jake estaba trabajando. La miró de arriba abajo sin sonreír. Taryn no se molestó en sentarse. Sabía que no iba a estar mucho tiempo allí.

– Ya sé que no quieres verme, pero he traído el trabajo del viernes -señaló el maletín-. Lo he mecanografiado y…

– ¿No te pago lo suficiente? -la interrumpió él secamente.

Taryn suspiró para sus adentros. Habría preferido que la hubiera despedido sin más.

– No se trata del dinero -contestó ella lacónicamente.



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