Esa noche, le costó dormirse. Le había encantado ese trabajo. Se sentía cómoda con la ingeniería y los términos técnicos, tenía destreza con el ordenador y era buena mecanógrafa y, además, como aprendía con facilidad, acometía con entusiasmo todo lo que pasaba por su mesa. ¿Qué carrera profesional tenía en ese momento? ¿Acaso quería una carrera profesional? Volvió a recordar el beso que le había dado Brian. No tenía mucha experiencia en ese terreno, pero podía distinguir entre un beso de amistad y el que había compartido con él. Ella se había espantado y se había ido, se había montado en el ascensor y… Se acordó de que había sido muy grosera con aquel hombre. Curiosamente, podía recordarlo con claridad. Era alto y sus ojos grises reflejaron algo cuando le dijo que parecía disgustada y luego le preguntó si podía ayudarla. Ella le contestó que lo dudaba mucho y, dado que él sólo quería ayudarla, no había sido una contestación muy considerada.

Taryn desterró de su cabeza la imagen del ejecutivo apuesto y triunfador. No sabía quién era y, en caso de que llegara a saberlo, cosa que no haría porque no pensaba volver a pisar aquel edificio, no quería revivir todo lo pasado sólo por disculparse con él.


Al día siguiente, durante el desayuno, se preguntó qué podría contarles a su padre y a su madrastra. Afortunadamente, su padre tenía un experimento entre manos en uno de sus talleres y parecía haberse olvidado de la necesidad de desayunar, como solía ocurrirle cuando se concentraba. Taryn pensó que podría llevarle una bandeja más tarde. Su madrastra no bajó hasta después de las nueve.

– ¿Sigues por aquí? -exclamó Eva cuando se chocaron en el vestíbulo justo en el momento en que sonó el teléfono y su madrastra lo contestó-. ¿Dígame? ¡Brian! ¿No te ha llamado esa hijastra perversa que tengo? -Taryn le hizo todo tipo de gestos para explicarle que no quería hablar con él y Eva dudó-. Lo siento, Taryn no está por aquí. ¿Quieres que le dé algún mensaje?



7 из 109