– ¿Con pan blanco e integral? -le preguntó Eva con retintín.

– Claro -contestó Taryn.

Tendría que ir a hacer la compra, pero lo haría al terminar de leer el periódico.

– ¿Por qué estás leyendo las ofertas de empleo?

– Estoy buscando trabajo -contestó Taryn con una sonrisa.

Eva apretó los labios con gesto de disgusto, pero Taryn no pensaba permitirle que creyera que iba a ser su sirvienta para siempre.

– Está claro que no tienes suficientes tareas.

Eva seguramente se refería a que estaba leyendo el periódico después de haber pasado la aspiradora y de haber quitado el polvo. Cuando Eva se fue, Taryn empezó a ojear los alquileres de apartamentos. No le contaría sus planes a su madrastra hasta que hubiera embalado todo y estuviera a punto de irse.

Taryn estaba volviendo de hacer la compra cuando se le ocurrió la idea de ir a visitar a su madre. Su madre y su nuevo marido estaban de voluntarios en África. ¿La recibirían bien… o no? Las cartas que recibía de su madre siempre eran muy cariñosas, pero…

Aún no había decidido nada cuando sonó el teléfono. Taryn contestó desde la cocina y oyó con agrado la voz de su tía.

– ¿Qué haces? -le preguntó Hilary.

– ¿Te refieres a qué hago cuando no miro la sección de ofertas de empleo o la de alquileres?

– ¿Tan grave es?

– La verdad es que no -su tía la quería y ella no quería preocuparla-. Es que me parece que no sirvo para las tareas domésticas.

– Es una pena -replicó su tía después de un breve silencio.

– ¿Por qué?

– Acaban de pedirme a alguien que se ocupe temporalmente de una casa. Quieren a alguien un poco especial y había pensado en ti.

– Tía, estoy halagada…

– Resolvería tu falta de trabajo y de alojamiento durante dos semanas. Además, podrías seguir buscando trabajo y te alejarías dos semanas de la espantosa Eva.



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