– Forbassach es un enviado del nuevo rey de Laigin, el joven Fianamail.

– Eso no explica su saludo desagradable, ni que todos estuvieran tan de luto. Cashel solía ser un palacio lleno de risas.

El soldado parecía incómodo.

– Vuestro hermano os explicará cómo están las cosas.

Llegaron frente a una puerta que se abrió antes de que pudiera levantar la mano para llamar.

– ¡Fidelma!

Un joven se apresuró hacia ella atravesando la puerta. Resultaba obvio, incluso con un examen superficial, que él y Fidelma eran parientes. Eran iguales en estatura y tenían el mismo cabello pelirrojo y los mismos ojos verdes cambiantes; la misma estructura facial y el mismo movimiento indefinible.

Los hermanos se abrazaron con cordialidad. Se separaron y se quedaron cogidos por los brazos, examinándose el uno al otro.

– Los años te sientan bien, Fidelma -observó Colgú con satisfacción.

– Y a ti también, hermano. Estaba ansiosa cuando recibí tu mensaje. Han pasado muchos años desde que estuve en Cashel por última vez. Temía que te hubiera sucedido algún percance. Sin embargo, pareces sano y te veo contento. Pero esas personas del vestíbulo, ¿por qué están tan tristes y melancólicas?

Colgú mac Failbe Fland condujo a su hermana al interior de la estancia y se volvió hacia el soldado alto.

– Más tarde os llamaré, Cass -dijo, y luego siguió a Fidelma al interior de la cámara.

Era una sala de estar con un fuego ardiendo en un rincón. Un criado se acercó portando una bandeja donde había dos copas de vino calentado con especias; estaba tan caliente que unas volutas de vapor se elevaban del líquido. Después de colocar la bandeja sobre una mesa, el criado se retiró sin molestar mientras Colgú acompañaba a Fidelma a una silla frente al fuego.

– Caliéntate después de tu largo viaje desde Kildare -le dijo Colgú, mientras los truenos seguían retumbando en el exterior-. El día sigue enfadado -observó él, cogiendo una de las copas de vino especiado y ofreciéndosela a su hermana.



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