Muy mal. Si se le dañase… Bueno, era parte de la vida. Las brechas. A veces el dolor no se puede evitar. Un hombre había muerto, había encontrado su lecho de muerte en el fondo del mar hacía años. Y el culpable era alguien que había vivido en la casa de los Holland. Kane estaba dispuesto a averiguar quién había golpeado el cráneo de Harley Taggert y había escondido el crimen durante alrededor de dieciséis años. Tenía razones personales para descubrirlo, razones que iban más allá de la necesidad urgente de ganarse la vida. Una de ellas era la absoluta certeza de que Harley podría no haber sido la única víctima de las mentiras y engaños escondidos bajo la superficie del lago Arrowhead.

Hojeó unas cuantas páginas de sus notas y luego colocó el ordenador delante. Movía los dedos con destreza. Escribió la primera página:


Juego de poder:

El asesinato de Harley Taggert

por

Kane Moran


Pegó otro trago a la botella y empezó a escribir. Incluso aunque el esqueleto de su investigación indagaba discretamente en los secretos de la familia Holland, ése era sólo el principio. Kane se dio cuenta de que antes de que acabara, el asesino de Harley tendría que enfrentarse a los cargos de aquel crimen de hacía dieciséis años. El cabrón de Dutch Holland no tendría ninguna posibilidad de convertirse en gobernador de Oregón, y cada uno de los miembros de la familia Holland, incluida Claire, odiarían a Kane Moran.

Así sería. La vida no era fácil, algo tan cierto como que el infierno no es justo. Había aprendido varias lecciones muy dolorosas hacía años, y Claire había sido una de sus maestras. Poner al descubierto los secretos de la familia Holland sería su venganza y catarsis.



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