
Una vez en el estudio, sacó la cartera del bolsillo, extrajo una página suelta que había arrancado de una libreta en su escritorio y fijó la mirada en los tres números de teléfono de sus hijas. Ninguna se alegraría de oírle, pero harían lo que les pidiese.
Siempre lo hacían.
Cogió el auricular, escuchó un clic y un tono de línea y tensó las mandíbulas.
Maldito Harley Taggert. Maldito Kane Moran. Y maldita la verdad, cualquiera que fuese.
Capítulo 2
– ¡No es justo! No deberíamos mudarnos. No hemos hecho nada malo. ¡No tenemos la culpa! -Sean miraba a su madre con el ceño fruncido. Tenía los ojos en parte ocultos bajo la gran cabellera, y el rostro tenso y duro. En su nariz resaltaban numerosas pecas, a pesar del bronceado de verano. Su rostro irradiaba rebeldía, que se transmitía por su sentimiento de indignación, y abría y cerraba los puños sintiéndose impotente. En la excitación del momento se pareció a su padre. Claire quería cogerle entre sus brazos y no soltarle nunca.
– Es mejor así.
Vació el contenido del cajón superior del aparador en la cama, y colocó los calcetines y ropa interior en una caja de cartón vacía, mientras deseaba que su hijo creyera en sus palabras. El dolor desaparecería algún día, siempre acababa desapareciendo, pero llevaría tiempo. Mucho tiempo.
– ¡Papá es quien tendría que irse! -Sean se dejó caer sobre una caja y miró a su madre enfadado, junto a la ventana abierta, por donde se veía un robusto manzano.
En las ramas de aquel árbol se balanceaba un columpio hecho con un neumático al ritmo del viento. La vieja rueda colgaba de una cuerda deshilachada y ennegrecida, triste recuerdo de su infancia e inocencia, que había sido recientemente destruida. Los niños no habían utilizado aquel columpio desde hacía años, hasta el punto que había empezado a crecer hierba en la arena donde antes pisaban. Pero eso parecía haber sucedido hacía siglos, en una época en la que Claire se había autoconvencido de que ella y su pequeña familia eran felices, que los pecados del pasado nunca invadirían sus vidas, que podría encontrar la felicidad en aquella tranquila y pequeña ciudad de Colorado.
