– ¡De ninguna manera! -contestó con desdén Sean-. Yo les seguí una vez. ¡Estaban follando como perros en celo!

– ¡Para ya, Sean!

– ¡No! -Samantha sacudió la cabeza con fuerza-. ¡No! ¡No! ¡No!

– Cariño, sólo te digo lo que dice Jessica. -Claire sintió como si se le abriese el pecho al absorber el dolor de su pequeña.

– Pero ¿por qué? -la voz de Samantha disminuyó considerablemente.

– Porque es una perra, y él un pervertido.

– No lo sé -dijo Claire-. Sean, no quiero oírte decir ni una palabra más.

– ¡No! ¡Eso no es verdad! -Samantha se irguió, y empujó a su madre-. ¡No te creo! -Corrió hacia la puerta-. ¡Eres un mentiroso, Sean, un asqueroso mentiroso de mierda!

La puerta se cerró tras ella con un fuerte golpe y Claire se volvió hacia su hijo.

– Eso era totalmente innecesario.

– Era la verdad.

– Hay maneras más agradables…

– Sí, ¡como dejar que la jodida Candi Whittaker se lo restriegue por las narices! Enfréntate a ello, mamá, papá es un maníaco sexual al que le gustan las niñas jóvenes. Es mejor que Samantha sepa la verdad. Así nadie volverá a herirla.

– ¿Eso crees? -murmuró entre dientes Claire, mientras iba en busca de Samantha por la casa, hacia la puerta delantera, hacia la calle.

La brisa caliente movió las hojas de los álamos que brillaban bajo la luz del sol, y en la casa de algún vecino se oyó ladrar a un perro insistentemente. Claire esquivó un triciclo. Corría por la acera, por un paseo donde las raíces de un árbol crecían por encima del cemento. Buscaba a su hija. Samantha sollozaba. Sus cabellos rubios volaban al viento. Sus largas piernas corrían a gran velocidad, como si pudiera dejar en casa aquellas horribles palabras y acusaciones.

«Está huyendo, como tú, Claire. Pero tú no puedes huir. Tarde o temprano el pasado te alcanzará.»

En Center Street, Samantha cruzó con el semáforo en rojo y un camión de reparto paró de un frenazo, a punto de atropellada. A Claire le dio un vuelco el corazón y gritó:



25 из 430