
Intentaba gritar. El agua salada le entró por la nariz y la garganta. Sus reacciones eran lentas, desincronizadas. «¡Ayudadme, por favor, que alguien me ayude!» Pero las palabras se perdieron en su mente. El dolor le rebotaba en el cerebro, en aquella agua helada y oscura. Los pulmones le ardían. Se agitó con fuerza, peleando y revolviéndose mientras la ropa hacía que se hundiera cada vez más. Lentamente intentó dar patadas para poder nadar hacia arriba, pero tenía los pies enganchados a algo, enredados o… alguien se los sujetaba por debajo del muelle. Los pulmones le abrasaban, estaban a punto de explotar. Desesperado, empezó a luchar, a dar patadas, mirando hacia la superficie donde, más allá del velo de las olas, vislumbró a su atacante en pie, contemplándole, bajo la luz de una farola del muelle.
La superficie estaba tan lejos… Iba a morir… Ella le había matado. «¿Por qué? Oh, Dios mío, ¡ayúdame! Salta aquí, llama a la policía, haz algo.» Intentó nadar hacia arriba, pero ¡quienquiera que fuese que le agarraba los pies no le soltaba! Todo su cuerpo gritaba agónico. La imagen por encima de su cabeza se ondulaba a medida que intentaba salir. Era un rostro débil y tenue iluminado por las luces del muelle. Un rostro distorsionado por el horror que sentía. Las esposas en los tobillos parecían apretarle, como si la muerte personificada se lo estuviera llevando rápidamente, asegurándole así una muerte horrible.
No había más tiempo. En un último esfuerzo, Harley pataleó e intentó gritar.
Sus torturados pulmones se agotaron. Expulsó el aire, formando burbujas hacia la superficie. Con ella partía cualquier oportunidad de sobrevivir. El agua salada inundó su garganta. Tan fría como la muerte, le quemaba como el mismo infierno. El agua abrasadora lo iba destruyendo ola tras ola, y entonces llegó… la oscuridad. Una tranquilidad sorprendente y seductora venció a su cerebro, acabando con él mientras dejaba de resistirse y sus pulmones expulsaban el último aliento. Tenía los ojos abiertos. Estos le ofrecieron una última imagen del mundo a través de la cortina de agua. Pudo ver el fantasmagórico rostro de su asesina mientras avanzaba alejándose de la luz, hacia la oscuridad.
