Capítulo 1

Todo vale en el amor y en la guerra.

O así es el dicho. Kane no estaba completamente seguro de poder adoptar ese dicho, cuando el futuro de Claire Holland estaba en juego, pero qué diablos, de todos modos a ella nunca le había importado. Nunca se había dignado a fijarse en él excepto una vez, en que bajó la guardia. Puso con fuerza el freno de mano mientras apagaba el motor y se recordaba a sí mismo que estaba casada. Separada, pero casada, y que su nombre ahora era Claire St. John.

La lluvia salpicaba el parabrisas. Las gotas caían sobre el cristal como afilados rayos mientras Kane miraba la choza que había heredado: una cabaña de tres habitaciones a la orilla del lago Arrowhead. Faltaban tejas, había dos ventanas cubiertas con maderas y pintadas con graffiti, las cañerías eran de color naranja por el óxido y llevaban años atascadas debido a las hojas y a la suciedad. El porche estaba hundido como la espalda curvada de un caballo de carga. Había leños, cortados con una motosierra y ennegrecidos por la lluvia de los años.

Llevaban allí desde antes de convertirse en obras de arte de su padre. La ventana del desván, única fuente de luz natural en aquel espacio incómodo que había sido su habitación, se había roto, y aún quedaban trozos de cristal esparcidos por el porche.

«Bienvenido a casa», pensó con amargura mientras salía de su coche. Cargó su bolsa de lino y el petate sobre el hombro, y agachó la cabeza para evitar el viento helado. Un dolor punzante le vino a la cadera, recuerdos de trozos de metralla que había recibido en su última misión extranjera. Se estremeció y se colocó mejor la bolsa en el hombro mientras maldecía el hecho de que aún cojeaba un poco, lo bastante para demorar su paso cuando tenía prisa.



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