Observaba su comportamiento y los imitaba fundiéndose con su mundo hasta parecer casi igual a ellos. Intervenía en las conversaciones, pero sólo para aparentar que le hacía gracia un chiste o para repetir lo que oía. No discrepaba. No daba su opinión porque no la tenía. No expresaba deseos ni necesidades propias. La mayor parte del tiempo era invisible -un espejismo o un fantasma- y buscaba maneras de aprovecharse de sus compañeros. Mientras éstos permanecían ensimismados y ajenos a todo, ella estaba híper atenta. Lo veía todo y nada le importaba. A los diez años sabía ya que sólo era cuestión de tiempo encontrar la manera de usar su talento para el camuflaje.

A los veinte desaparecía tan rápido y de forma tan automática que a menudo ella misma no era muy consciente de haberse ausentado de la habitación. Tan pronto estaba allí como dejaba de estar. Era una compañera ideal, porque adoptaba la imagen de la persona que tenía delante y se volvía igual que ella. Dominaba la mímica y la imitación. Como es natural, la gente la apreciaba y confiaba en ella. También era la empleada ideal: responsable, resignada, incansable, dispuesta a hacer cuanto se le pedía. Llegaba temprano al trabajo. Se quedaba hasta tarde. De tal forma que parecía una persona desinteresada cuando, en realidad, todo le traía sin cuidado, salvo por lo que se refería a perseguir sus propios intereses.

En cierto modo, el subterfugio le había sido impuesto. Casi todos sus hermanos habían terminado los estudios y en ese momento de sus vidas parecían haber llegado más lejos que ella. Se sentían bien consigo mismos ayudando a su hermana menor, cuyas perspectivas, en comparación, eran lamentables. Si bien Solana aceptaba de buen grado su generosidad, no le gustaba estar subordinada a ellos. Para sentirse en pie de igualdad, había acumulado una considerable suma de dinero, que tenía en el banco en una cuenta secreta. Prefería que no supieran lo mucho que había mejorado su suerte en la vida. Su hermano inmediatamente mayor, el que había estudiado derecho, era el único que le servía de algo. Trabajar le gustaba tan poco como a ella, y no le importaba apartarse de las reglas si le salía a cuenta.



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