
– Esta misma noche irá a casa alguien de un laboratorio.
– ¿Y te conformarás con que me pasen un algodón por la mejilla o quieres que me partan en cuatro?
– No pretendo hacerte ningún daño -se defendió Alex.
– No, sólo quieres que desaparezca -suspiró-. Me gustaría poder hacerte creer que sólo estoy buscando a mi padre. Necesito esa relación con él. No quiero nada de él, sólo conocerle. No soy vuestra enemiga.
– Eso sólo es lo que tú piensas -se acercó a ella, esperando hacerle retroceder, pero Dani no se movió de donde estaba-. No tienes la menor idea del lío en el que te has metido, Dani Buchanan -le dijo fríamente-. Esto no es un juego. Mi padre es senador de los Estados Unidos y quizá llegue a ser presidente. Hay muchas más cosas en juego de las que puedes imaginar. No pienso permitir que lo comprometas de ninguna de las maneras. No soy el único dragón que protege este castillo, pero sí el que más debería preocuparte.
Dani se inclinó hacia él.
– No me asustas.
– Pero lo haré.
– No, no lo harás. Estás convencido de que pretendo otra cosa, y por eso quieres presionarme, pero te equivocas -se colocó el bolso en el hombro-. Respeto lo que haces. Si yo estuviera en tu lugar, actuaría como lo estás haciendo tú. Proteger a la familia me parece algo muy importante. Pero ten cuidado; procura no llevar demasiado lejos las cosas. No pareces un hombre al que le guste disculparse y odiaría tener que verte arrastrándote ante mí cuando descubras que estás equivocado.
Tenía agallas. Por lo menos eso tenía que respetárselo.
– Supongo que te encantaría verme arrastrándome a tus pies.
Dani sonrió.
– Desde luego. Pero yo por lo menos he intentado ser educada.
Capítulo 2
Dani cruzó el salón principal del Bella Roma. Ya habían puesto las mesas, con los manteles de lino blanco y los centros de flores. Se detuvo al lado de una de ellas, tomó un par de copas y las expuso a la luz. Estaban resplandecientes.
