
Aquella pregunta le hizo sonreír.
– ¿Acaso crees que un poco de pasta con salsa roja puede competir con las delicias que prepara Penny?
Penny estaba casada con Cal, el hermano mayor de Dani. Era una cocinera extraordinaria y trabajaba en el Waterfront, la marisquería de los Buchanan.
– Si lo dices así… -gruñó Dani, consciente de que Penny era una cocinera genial-. Pero aquí tenemos un montón de cosas que vosotros no ofrecéis. Y ahora que pienso en ello, creo que deberíamos abrir un restaurante italiano. Son muy populares y los beneficios que dejan son fantásticos.
Walker se la quedó mirando fijamente.
– No he venido aquí para hablar de negocios.
– Pero sería muy buena idea montar un restaurante italiano.
– Una idea excelente, de hecho, si quieres que ignore el hecho de que estás intentando convencerme de que compita con tu actual jefe.
¡Uy! Dani miró a su alrededor para ver si alguien les había oído. Maldita fuera. ¿Cuándo iba a empezar a darse cuenta de que ya no era una Buchanan? ¿De que no le debía a la familia ninguna lealtad y debería emplear todas sus energías en el Bella Roma?
– De acuerdo, comprendido. Pero si no has venido aquí por el pan de ajo, ¿a qué has venido?
– Por Elissa.
Dani le agarró del brazo.
– ¿Se encuentra bien? ¿Ha ocurrido algo?
– No, está perfectamente. Seguimos adelante con los planes de boda. Ella quiere una boda de cuento de hadas, con miles de flores y lucecitas. Y yo quiero hacerle feliz.
Hasta ese momento, a Dani le habría resultado imposible imaginarse a su hermano hablando de lucecitas de colores y de flores con el semblante tan serio. De hecho, habría jurado que ni siquiera sabía lo que eran. Pero desde que se había enamorado de Elissa, era un hombre diferente. Más abierto, más sensible, más consciente de la existencia de las flores.
– Estoy segura de que la boda será preciosa.
