– Tú no eres ningún viejo -contestó, haciendo lo imposible para ocultar su miedo.

– Ya tengo cincuenta y cuatro años.

– Y yo cincuenta y seis -replicó-. ¿Piensas cambiarme por un modelo con menos años?

– No, tú eres la mujer más guapa del mundo -le aseguró Mark-. Y además, eres mi esposa.

Aquellas palabras parecían destinadas a tranquilizarla, pero consiguieron hacerlo.

– ¿Quién era esa mujer?

– Se llama Dani Buchanan. Danielle, como me dijo Alex después.

– ¿Alex? ¿Y él que tiene que ver con todo esto?

– En realidad nada. Estaba allí y también la conoció. Intentó echarla. Tu hijo es un auténtico perro guardián.

– Se preocupa por su familia.

– Lo sé -Mark le acarició la mejilla-. Katherine, ¿te acuerdas de la primera vez que estuvimos comprometidos? ¿Te acuerdas de cómo terminaron las cosas entre nosotros?

Katherine asintió lentamente. Ella era la hija única de una adinerada familia de la Costa Este. Sus padres no aprobaban su relación con Mark, un joven de Seattle; era un hombre con encanto y energía, pero no pertenecía a una buena familia. Aun así, Katherine le amaba y había conseguido que su familia le aceptara. Mark le había propuesto matrimonio y ella lo había aceptado. Pero seis semanas después, Katherine había puesto fin a su compromiso. Había sido incapaz de confesarle a Mark la verdad sobre sí misma. En vez de arriesgarse a que Mark la compadeciera y después la dejara, había decidido dar por finalizada su relación.

Después de aquello, Mark había regresado a Seattle.

– Regresé a mi casa para intentar averiguar qué quería hacer con mi vida -le contó-. Mientras estaba allí, conocí a alguien. Yo no estaba buscando nada parecido, pero ocurrió.

Regresó entonces el miedo, un sentimiento frío y afilado que la estaba desgarrando por dentro. El dolor la devoraba, pero Katherine permaneció frente a Mark, decidida a no demostrarlo.



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