– ¿Y tuviste una relación con esa mujer? -preguntó con calma.

– Sí. Estaba casada. Ninguno de los dos pretendía que ocurriera. Nadie sabía nada, no queríamos que su marido se enterara. Y yo no quería hacerle ningún daño. Un buen día, todo terminó. Yo no había vuelto a pensar en todo aquello hasta hoy. Dani es hija de aquella mujer. Es mi hija.

Katherine se levantó. A lo mejor, si se movía, el dolor no sería tan terrible. A lo mejor conseguía respirar. Pero el despacho no le ofrecía lugar alguno en el que esconderse.

– Evidentemente, yo no lo sabía -dijo Mark, como si no fuera consciente de que nada de lo que dijera podía mejorar las cosas-. Alex ha sugerido que se haga una prueba de ADN para poder asegurarnos de que es cierto. A mí me parece una buena idea. Dani parece una gran chica. Se parece mucho a Marsha, pero también yo me he podido reconocer en ella. Con toda la campaña en marcha, tendremos que ser muy discretos.

Mark continuó hablando, pero Katherine ya no era capaz de oírle. Mark tenía una hija. Una hija biológica a la que ya había conocido.

– La he invitado a cenar -dijo Mark-. Quiero que la conozcas. Todavía no tenemos que decirle a los niños quién es, pero con el tiempo, lo haremos.

Katherine se volvió entonces hacia él. Se había quedado petrificada. De hecho, ni siquiera sabía si iba a ser capaz de hablar.

– ¿Va a venir a casa?

– Sí, esta noche -se acercó hasta ella y le tomó las manos-. Sé que te gustará. ¿No dices siempre que te gustaría tener otra hija?

No, no podía estar hablando en serio. Y era imposible que no se diera cuenta de lo que le estaba haciendo. Pero Mark continuaba hablando como si no ocurriera absolutamente nada. Como si Katherine no estuviera devastada porque acababa de enterarse de que otra mujer le había dado algo que ella no podría darle jamás en su vida.



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