– Eso no va a suceder -le advirtió.

– Pero yo te quiero, ¿es que eso no significa nada para ti?

Alex pensó en lo que había ocurrido casi dos años atrás, cuando había llegado a casa antes de lo previsto.

– No, no significa absolutamente nada para mí.

Capítulo 3

Dani permanecía en el porche de una impresionante casa de Bellevue, diciéndose a sí misma que no se iba a acabar el mundo en el momento en el que llamara al timbre. Por mucho que tuviera la sensación de que era exactamente eso lo que iba a ocurrir. Además, si continuaba mucho tiempo allí, terminaría llamando la atención de los vecinos. ¿Y qué pasaría si llamaban a la mujer de Mark para decirle que había una mujer merodeando por su casa? Katherine Canfield abriría la puerta y la encontraría allí. Y, por supuesto, no era así como Dani quería que se conocieran.

– No paro de divagar -musitó Dani para sí-. Esto es terrible. Creo que necesito ir al psiquiatra. O un trasplante de cerebro.

Se obligó a llamar al timbre. Cuando lo oyó sonar en el interior de la casa, el corazón se le aceleró de tal forma que pensó que corría el serio peligro de estallar y salir disparada hasta la galaxia más cercana.

La puerta se abrió. Dani intentó prepararse para lo que la esperaba, pero no tuvo tiempo. En el instante en el que vio al hombre que permanecía al otro lado, el aire desapareció de sus pulmones.

– Gracias a Dios -dijo sin poder contenerse-, sólo eres tú.

Alex arqueó las cejas.

– ¿Sólo yo? ¿No te resulto suficientemente intimidante después de nuestro último encuentro? ¿No han servido de nada mis amenazas?

– No, no, no era eso lo que pretendía decir. Me has parecido aterrador. De hecho, creo que me costará dormir durante unas cuantas semanas. Tendré pesadillas con dragones. En serio. Es sólo que, comparada con la posibilidad de encontrarme con tu madre… no quiero ofenderte, pero esto no es nada.



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