
– El problema es que no dejan conducir con esos tocados.
– Claro que sí, pero siempre que vayas en un descapotable y con la capota bajada.
– No le animes -musitó Alex-. Dani Buchanan, te presento a Ian Canfield, mi hermano. Puede llegar a ser detestable cuando se lo propone.
– Una acusación terrible y completamente falsa.
– Encantada de conocerte -dijo Dani, y le tendió la mano.
Ian acercó la silla y le estrechó la mano.
– Si quisieras, podrías ser una stripper.
– Qué amable por tu parte. Es un cumplido que jamás olvidaré. Mi madre estaría orgullosa de oírlo.
Ian se echó a reír a carcajadas.
– Muy bien, me gustas. Algo que no sucede a menudo. Intenta no olvidar este momento.
Dani también rió.
– Lo haré. Y, por supuesto, lo escribiré con pelos y señales esta noche en mi diario.
Ian suspiró.
– Siempre el mismo problema. Las mujeres me acosan. Es por culpa del tamaño de esta batería. Les vuelve locas la electricidad.
Y sin más, dio media vuelta y se marchó. En cuanto hubo desaparecido, Dani se volvió hacia Alex.
– ¿Lo ves? A la gente le gusto.
– Mi hermano es todavía muy joven y no sabe quién eres.
– ¿Quieres decir que cuando averigüe que soy el demonio en persona dejaré de gustarle?
Alex se la quedó mirando fijamente. No apartaba en ningún momento la mirada de ella.
– Es raro que a Ian le guste alguien.
– Es un hombre muy perspicaz. A mí también me gusta él.
– ¿Crees que voy a dejarme conmover porque muestres compasión por mi hermano?
El buen humor de Dani desapareció y de pronto, deseó ser un tipo alto y musculoso para poder derribar a Alex de un puñetazo.
– No me insultes a mí y no te atrevas tampoco a insultarle a él -se acercó a él y le clavó el dedo en el pecho-. Estoy dispuesta a aceptar que soy una complicación que no esperabas. Puedes proteger a tu familia todo lo que quieras, puedes pensar lo peor de mí, pero no te atrevas a interpretar que lo que ha sido un momento de complicidad y diversión pueda ser otra cosa completamente repugnante.
