Bajó su mirada hasta alcanzar una de sus manos que tenía los nudillos cortados y ensangrentados, con dos uñas colgando.

– Es demasiado pronto para saberlo -dijo Nygyll frunciendo el ceño. Pasaba sus manos experimentadas a lo largo de las extremidades del desconocido-. Creo que no tiene roto ningún hueso, excepto las costillas, que pueden estar fracturadas. -El médico enarcó las cejas espesas y entornó los ojos-. Cuesta creerlo dada la gravedad de sus heridas, pero de nuevo es demasiado pronto para decir nada. Si despierta, comprobaremos si puede utilizar los brazos o las piernas.

Nygyll levantó una de las manos del hombre. Como Isa había afirmado, llevaba un anillo incrustado en uno de sus dedos sucios. Parpadeó a la luz de las velas, y la boca de Morwenna se secó al reparar en el emblema grabado en el oro. Notó cómo el corazón le daba un vuelco… y un recuerdo, tan claro como el agua, apareció en su mente…

Hacía tres años de lo ocurrido. Era verano. Iban a caballo, habían parado cerca de un arroyo y Carrick, un joven de diecinueve años pero ya de corazón perverso, arrancó una rosa silvestre y se la ofreció, al tiempo que arqueó una ceja irreverente y dibujó una sonrisa juguetona en las comisuras de los labios. Ella sintió que, si tomaba la flor, pagaría un precio por ella. Con todo, aceptó con mucho gusto el regalo de pétalos rojos y se cortó el dedo con una espina oculta bajo una hoja verde y lisa.

– ¡Ay!

– Cuidado, milady -se burló Carrick-, hay que tener siempre cuidado. Lo que en apariencia es inocente a menudo demuestra ser mortífero.

– ¿Qué queréis decir con eso? -preguntó.

Él acercó el dedo de ella a sus labios y succionó la gota de sangre que brotaba sobre su piel. En ese momento vio el anillo, aunque no por primera vez, cuando resplandeció a causa del cálido sol veraniego.

– ¿Queréis hablar ahora de adivinanzas absurdas?

Su boca era cálida, la punta de la lengua suave y húmeda al tocar la pequeña herida. Morwenna sintió un cosquilleo que le subía por el brazo y le bajaba por el cuerpo hasta alcanzar su parte más íntima y húmeda.



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