Salvo que fuera un demonio o incluso el mismísimo Satanás.

Miró por el techo abovedado del pasillo, respirando a duras penas, como si esperara que un ángel de la oscuridad se lanzara en picado mientras el humo subía en forma de volutas delgadas y demoníacas.

Sin embargo, no se produjo ninguna aparición.

Tanto si la voz que había escuchado provenía del cielo como del infierno, la hazaña había culminado. La redención y la venganza se aproximaban. Por fin.

Lanzó la antorcha al suelo, hacia el final del pasillo, y entonces se precipitó escaleras abajo, sus pisadas no hicieron el menor ruido mientras se alejaba de la torre y se adentraba en la noche oscura y sin luna.

Pronto alguien despertaría.

Sonaría una alarma.

Todo habría acabado.

Y la justicia, por fin, se habría servido.

Capítulo 1

Castillo de Calon

12 de enero de 1289

Morwenna dio vueltas sobre la cama.

¿Su cama? ¿O la de otro?

Levantó la cabeza y vio las ascuas encendidas del fuego, carbones al rojo vivo que arrojaban sombras doradas sobre los muros del castillo. Pero, ¿qué castillo? ¿Dónde estaba? No había ninguna ventana y en las alturas de los muros, más allá de las vigas transversales, que crujían, podía divisar el cielo de la noche, docenas de estrellas que titilaban en la distancia.

¿Dónde estaba?

¿En una prisión? ¿Acaso estaba cautiva en una torre antigua y abandonada, cuya azotea había volado por los aires?

– Morwenna.

Su nombre resonó contra los gruesos muros, reverberando y helándole la sangre.

Se retorció en la cama y miró fijamente las sombras.

– ¿Quién está ahí? -susurró con el corazón en un puño.



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