Te da el lomo, te da la mano, como los puentes de cuerda, ytú le bates los brazos igual que peces en fiesta… ¡Ay, no mires lo que miras, porque de golpe te acuerdas y cogiéndote del Arco – sauce que no se quiebra- te vas a ir por el verde, el amarillo, el violeta… Ya mamaste nuestra leche, niño de María y Eva; juegas con la verdolaga delante de nuestras puertas; entraste en casa de hombres y pides pan en mi lengua. ¡Vuélvele la cara al Puente; deja que se rompa, deja, que si subes me voy como loca, y te sigo la Tierra entera!

MONTAÑA

Hijo mío, tú subirás con el ganado la Montaña. Pero mientras yo te arrebato y te llevo sobre mi espalda. Apuñada y negra la vemos, como mujer enfurruñada. Vive sola de todo tiempo, pero nos ama, la Montaña, y hace señales de subir tirando gestos con que llama… Trepamos, hijo, los faldeos, llenos, de robles y de hayas. Arremolina el viento hierbas y balancea la Montaña, y van los brazos de tu madre abriendo moños que son zarzas… Mirando al llano, que está ciego, ya no vemos río ni casa. Pero tu madre sabe subir, perder la Tierra, y volver salva. Pasan las nieblas en trapos rotos; se borra el mundo cuando pasan. Subimos tanto que ya no quieres seguir y todo te sobresalta. Pero del alto Pico del Toro,


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