nadie desciende a la llanada. El sol, lo mismo que el faisán, de una vez salta la Montaña, y de una vez baña de oro a la Tierra que era fantasma, ¡y la enseña gajo por gajo en redonda fruta mondada!

PINAR

Vamos cruzando ahora el bosque y por tu cara pasan árboles, y yo me paro y yo te ofrezco; pero no pueden abajarse. La noche tiende las criaturas, menos los pinos, que son constantes, vicios heridos mana que mana gomas santas, tarde a la tarde. Si ellos pudieran te cogerían, para llevarte de valle en valle, y pasarías de brazo en brazo, corriendo, hijo, de padre en padre…

CARRO DEL CIELO

Echa atrás la cara, hijo y recibe las estrellas. A la primera mirada, todas te punzan y hielan, y después el cielo mece como cuna que balancean, y tú te das perdidamente como cosa que llevan y llevan… Dios baja para tomarnos en su vida polvareda; cae en el cielo estrellado como una cascada suelta. Baja, baja en el Carro del Cielo; va a llegar y nunca llega… Él viene incesantemente y a media marcha se refrena, por amor y miedo de amor de que nos rompe o que nos ciega. Mientras viene somos felices y lloramos cuando se aleja. Y un día el carro no para, ya desciende, ya se acerca, y sientes que toca tu pecho la rueda viva, la rueda fresca.


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