– ¿Una proposición? -Siempre hacía falta empezar por el interrogatorio de sondeo.

– Sí. Yo fui quien te contrató.

– Lo sé.

– Hace diez años. Cuando aún estaba con los Celtics.

– Lo sé.

– En primera ronda.

– Todo eso ya lo sé, señor Arnstein.

– Tenías un futuro prometedor, Myron. Eras listo. Tu toque era increíble. Rezumabas talento por todas partes.

– Podría haber sido un fuera de serie -admitió Myron.

Arnstein frunció el entrecejo. Era un rictus famoso, que había perfeccionado a lo largo de más de cincuenta años en el baloncesto profesional. Aquel gesto característico apareció por primera vez en los años cuarenta, cuando Clip jugaba en los ya desaparecidos Rochester Royals. Se hizo aún más famoso durante el tiempo en que entrenó a los Boston Celtics. Se convirtió en una marca de fábrica legendaria cuando llevó a cabo todas sus famosas adquisiciones (haciendo honor a su sobrenombre, «esquilaba» a la competencia) como presidente del equipo. Tres años antes Clip se había convertido en propietario mayoritario de los New Jersey Dragons, y ahora residía en East Rutherford, justo en la salida 16 de la autopista de Nueva Jersey.

– ¿Has querido imitar a Brando? -preguntó con voz malhumorada.

– Curioso, ¿verdad? Es como si Marlon estuviera en el palco.

La expresión de Clip Arnstein se suavizó de repente. Asintió lentamente y dedicó a Myron una mirada paternal.

– Te lo tomas a broma para disimular el sufrimiento que te causa -dijo con seriedad-. Lo comprendo.

– ¿Puedo hacer algo por usted, señor Arnstein?

– Nunca has jugado un solo partido profesional, ¿verdad, Myron?

– Sabe muy bien que no.

Clip asintió.

– Tu primer partido de la pretemporada. Tercer cuarto. Ya habías anotado dieciocho puntos. No está nada mal para un novato en su primer encuentro. Fue cuando el destino se interpuso en tu camino.



3 из 284