– Siempre podrías volver -dijo.

No podía, por más motivos de los que quería discutir. No podía volver a llevar la placa tampoco, pero eso no le impidió hacer su siguiente pregunta.

– ¿Supongo que estás preparado para alistarte de nuevo en la raza humana, eh?

– Eso no va a pasar, Eddie.

– En vez de eso, prefieres vivir en una pocilga e ir de gorra. Mira, si quieres matarte bebiendo, es cosa tuya.

– Eso es.

– ¿Pero qué sentido tiene pagar tus copas cuando puedes beber gratis? Tú naciste para ser poli, Matt.

– Llamé para…

– Sí, tiene que haber un motivo, ¿verdad?

Esperé un momento. Entonces dije:

– Algo en el periódico me llamó la atención y pensé que me podrías ahorrar un viaje al depósito de cadáveres. Sacaron un cadáver del río East ayer. Un tío pequeño, de mediana edad.

– ¿Y qué?

– ¿Podrías enterarte de si lo han identificado ya?

– A lo mejor. ¿Qué interés tienes?

– Estoy buscando a un marido desaparecido. Cabe la descripción. Podría bajar y echarle un vistazo, pero sólo le conozco de verle en fotos y después de un tiempo en el agua…

– Sí, bien. ¿Cómo se llama el tío? A ver si te lo miro.

– Vamos a hacerlo al revés -dije-. Se supone que es confidencial, no quiero divulgar su nombre si no es necesario.

– Supongo que podría hacer un par de llamadas.

– Si es el tipo que busco, tendrás lo tuyo.

– Me lo figuraba. ¿Y si no?

– Tendrás mi gratitud sincera.

– Jódete tú también -dijo-. Espero que sea el que buscas. Una pasta me viene bien. Oye, qué gracia, ahora que lo pienso.

– ¿Por qué?

– Tú buscas a un tío y yo espero que esté muerto. Si te lo piensas es gracioso.

Sonó el teléfono cuarenta minutos más tarde. Dijo:

– Qué pena, me hubiera venido bien esa pasta.

– ¿No lo identificaron?

– ¡Oh!, sí que lo identificaron por las huellas dactilares, pero no es un tío que te encargarían buscar. Es un personaje, tenemos su historial y mide una legua. Debiste haberle conocido en alguna ocasión.



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