Capítulo 2

Durante los tres próximos días, leí los periódicos dos veces al día y esperaba una llamada. El lunes por la noche cogí la primera edición del Times al ir a mi habitación. Bajo el título de «Resúmenes del Metropolitano» siempre hay un grupo de artículos sobre crimines titulado «De la libreta policiaca» y el último era el que buscaba yo. Un varón sin identificar, blanco, altura aproximadamente uno sesenta y ocho, edad sobre los cuarenta y cinco, peso aproximado ochenta y nueve kilos, había sido sacado del río East con el cráneo aplastado.

Me parecía que era él. Le habría echado unos años más y menos quilos, pero aparte de eso, parecía ser él. No podía saber si era Giros. No podía saber ni siquiera si el hombre, quien fuera, había sido asesinado. Se podían haber causado los daños craneales después de entrar en el agua. Y no había nada en el artículo que indicara el tiempo que había estado sumergido. Si había sido más de diez días, no era Giros; había estado en contacto con él el viernes anterior.

Miré el reloj. No era tarde para llamar a alguien, pero sí que era muy tarde para llamarle y parecer despreocupado. Y era demasiado temprano para abrir su sobre. No lo quería hacer hasta que estuviera segurísimo de que estaba muerto.

Tomé unas copas más de lo normal, porque tardaba mucho en dormirme. Por la mañana me desperté con dolor de cabeza y mal sabor en la boca. Tomé una aspirina, me enjuagué la boca y bajé a desayunar en el Red Flame. Compré una edición vespertina del Times, pero no traía más acerca del cadáver. Ponía lo mismo que en la edición anterior.

Eddie Koehler es teniente ahora, y forma parte del sexto distrito en West Village. Llamé desde mi habitación y logré hablar con él.

– ¿Qué hay, Matt? -dijo-. Ha pasado un ratito.

No había sido tan largo. Pregunté por su familia y él por la mía.

– Están bien -dije.



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