
– ¿Hay alguien detrás de ti, Giros?
Sus ojos subieron a los míos y bajaron rápidamente.
– Puede ser -dijo.
– ¿Sabes quién?
– Ni siquiera sé si lo intentan, cuanto menos quién. -Tambaleó, captura. Otra vuelta a la moneda.
– El sobre es tu seguro.
– Algo así.
Sorbí el café. Dije:
– No sé si soy la persona adecuada para esto, Giros. Lo más normal es que lleves tu sobre a un abogado y elabores una serie de instrucciones. Él lo mete en una caja fuerte y eso es todo.
– Pensé en eso.
– ¿Y?
– No tiene sentido. El tipo de abogado que conozco, al momento de salir de la oficina yo, abre el jodido sobre. Un abogado honesto me va a mirar y salir a lavarse las manos.
– No necesariamente.
– Hay algo más. Supongamos que me pilla un autobús, entonces el abogado sólo tiene que mandarte el sobre a ti. De esta manera quitamos el intermediario, ¿ves?
– ¿Por qué tengo que acabar con el sobre yo?
– Verás cuando lo abras. Si es que lo tienes que abrir.
– Todo es muy retorcido, ¿no?
– Todo es muy complicado últimamente, Matt. Úlceras y agobio.
– Y la mejor ropa que te he visto llevar en la vida.
– Sí, y me pueden enterrar llevando la puta ropa. -Otra vuelta a la moneda-. Mira, únicamente tienes que coger el sobre, meterlo en una caja fuerte, algo, en algún lugar, es cosa tuya.
– ¿Supongamos que me pilla un autobús a mi"!
Lo pensó y lo planeamos. El sobre se metería debajo de la alfombra de mi habitación en el hotel. Si falleciera de repente, Giros iría y recogería su propiedad. No necesitaría una llave. Nunca la había necesitado en el pasado.
Arreglamos los detalles, la llamada telefónica semanal, el mensaje sencillo si no estuviera. Pedí otra copa. A Giros todavía le quedaba mucha gente.
Le pregunté por qué me había elegido a mí.
– Porque siempre has sido honesto conmigo, Matt. ¿Cuánto tiempo llevas fuera de la policía? ¿Un par de años?
