En los recintos de clase alta, las invernales no se moverían hasta al cabo de una hora, pero las niñas del verano solían levantarse con el crudo frío, ésa era la ironía de su nombre. Maia suspiró, y empezó a ponerse su nueva ropa de viaje. Calzas negras de tela—red extensible, una blusa blanca y una camiseta sin mangas, botas y una chaqueta de resistente cuero curtido. El atuendo era más de lo que muchos clanes proporcionaban como despedida a sus hijas—var, como recalcaban diligentemente las madres. Maia intentó sentirse afortunada.

Mientras se vestía, contempló la trenza cortada. Era más larga que un brazo extendido, brillante, pero sin los ricos resplandores que las Lamai puras lucían como derecho de nacimiento. Parecía tan fuera de lugar que Maia sintió un ligero escalofrío, como si estuviera contemplando la mano o la cabeza cercenada de Leie. Se detuvo en el gesto de hacer un signo con la mano para espantar la mala suerte, y se rió nerviosa por la mala costumbre. Las supersticiones campestres la revelarían como una palurda en las grandes ciudades del Continente del Aterrizaje.

Dado el acontecimiento, Leie ni siquiera había atado demasiado bien su trenza. En aquel momento, en otras habitaciones cercanas, Mirri, Kirstin y las otras cinco niñas del verano estarían arreglando sus trenzas para la Ceremonia de Partida de hoy. Las gemelas habían discutido sobre si asistían, y ahora Leie había actuado por su cuenta, de forma típica e impulsiva. Leie probablemente cree que esto le da categoría como adulta, aunque la Abuela Modine dice que yo fui la primera en salir del vientre de nuestra madre.

Completamente vestida, Maia se volvió para contemplar la habitación del ático donde habían vivido durante cinco largos años stratoianos (quince según el antiguo calendario), las niñas del verano que tejían sueños de gloria invernal, susurrando un plan cuyo desarrollo tardó tanto que ninguna recordaba quién lo había planteado primero. Ahora… hoy… el barco Ave Sombría las llevaría a lejanas tierras occidentales donde se decía que las oportunidades esperaban a jóvenes brillantes como ellas.



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