
¿Y si Leie vuelve y me encuentra así?
¡Un destino aún peor que aquel que el simple mundo podía depararle! Maia se rió nerviosa, sacudiéndose el temor, y con una mano se secó los ojos. De todas formas, no puede decirse que vaya a estar completamente sola ahí fuera. Que Lysos me ayude, siempre tendré a Leie.
Por fin contempló las brillantes tijeras, clavadas en la mesa. Leie las había dejado así como un desafío. ¿Se arrodillaría Maia mansamente ante las matriarcas del clan, recibiría pomposos consejos, un Beso de Bendición, y el corte de rigor? ¿O se marcharía con valentía, sin pedir ni aceptar una despedida hipócrita?
Lo que la hizo detenerse, irónicamente, fue una consideración de carácter puramente práctico.
Sin la trenza, no habrá desayuno en la cocina.
Tuvo que usar ambas manos y mover las tijeras de un lado a otro para liberarlas de la madera ajada. Maia hizo girar las hojas gemelas a la luz que fluía a través de los postigos.
Se rió en voz alta y tomó una decisión.
Ni siquiera las niñas del invierno eran totalmente idénticas. Un ojo experto podía distinguir las raras dobles veraniegas como Maia y Leie. Para empezar, eran gemelas de espejo. Si Maia tenía un pequeño lunar en la mejilla derecha, Leie lo tenía en la izquierda. Su pelo se dividía en lugares opuestos, y mientras que Maia era diestra, su hermana sostenía que el hecho de ser zurda era un claro signo de grandeza. Con todo, las sacerdotisas de la ciudad las habían estudiado. Tenían los mismos genes.
Al principio, se les había ocurrido una idea: usar esta situación para su provecho.
Su plan tenía límites. No podían ponerlo en práctica ante una sabia, ni entre las majestuosas casas de mercaderes del Continente del Aterrizaje, donde los ricos clanes aún usaban la magia de los datos de la Vieja Red. Por eso Maia y Leie habían decidido permanecer embarcadas algún tiempo, con los marinos y los vagabundos, hasta encontrar alguna ciudad rústica donde resultara fácil engañar a las madres locales y los visitantes masculinos fueran más taciturnos que los chismosos y barbudos cretinos que surcaban el mar de Parthenia.
