No usaba maquillaje, pues consideraba que era un desperdicio de tiempo y de dinero el rendirle homenaje a la vanidad. Los ojos eran de un castaño oscuro y de expresión chispeante, ojos sensatos que hacían juego con las facciones bien definidas y ligeramente duras del rostro. El cuerpo estaba enfundado en lo que sus compañeros de trabajo, desde hacía tiempo, habían decidido que era su versión de un uniforme del ejército o de un hábito de monja: una tiesa camisa blanca abotonada hasta el cuello sobre la cual caía suavemente la parte superior de un traje sastre de hilo gris de corte austero. El borde de la falda llegaba decentemente abajo de las rodillas y era lo bastante amplia como para que no se subiera cuando ella se sentaba; las piernas estaban enfundadas en medias elásticas bastante gruesas y en los pies brillaban unos zapatos negros de sólidos tacones y cordones del mismo color.

Los zapatos estaban tan perfectamente lustrados que despedían destellos, y ni la más pequeña mancha afeaba la blanca superficie de la blusa; ni una sola arruga alteraba la perfección del traje sastre. El estar en todo momento impecable era una obsesión en Mary Horton; su joven asistenta de la oficina juraba que había visto a la señorita Horton quitarse la ropa cuidadosamente y poner las prendas en un gancho cuando iba al baño, para que no se arrugaran o se desarreglaran.

Satisfecha de que su apariencia estuviera a la altura de sus inflexibles normas, Mary Horton se encasquetó un sombrero negro de paja apoyándolo en el moño, lo sujetó con un alfiler en un solo movimiento, se puso sus guantes de cabritilla negra y trajo hacia el borde del tocador su enorme bolso de mano. Abrió el bolso y lo revisó metódicamente para ver si contenía las llaves, dinero, pañuelo, toallitas de papel, bolígrafo y libreta de anotaciones, diario de citas, tarjeta de crédito y de identificación, permiso de conducir, la tarjeta del aparcamiento, alfileres de gancho, la cajita con hilo y agujas, tijeras, lima de uñas, dos botones de repuesto para la blusa, destornillador, pinzas, cortadora de alambre, linterna de mano, cinta métrica en centímetros y pulgadas, la caja de cartuchos calibre 38 y el revólver reglamentario de la policía.



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