
Los salientes pómulos y la barbilla desafiante destacaban en la cara cuadrada de nariz de perfil romano. Las arrugas de la frente y los ojos delataban la experiencia de un hombre con una vida difícil e intensa. Cuando se enfadaba, su boca parecía una cruel cuchillada. Adjetivos como «atractivo» y «guapo» estaban fuera de lugar. Las facciones marcadas y rudas eran exactamente lo que atraía la atención de las mujeres y a la población femenina de Ravensport nunca le había importado que Clay no fuera guapo. Su manera de vestirse había sido siempre una evidente afirmación de sexualidad. Su mirada desafiaba a las mujeres a domarle. No usaba lociones extravagantes ni colonias masculinas para atraer a las mujeres. No era necesario. Por lo menos, nunca lo había sido para Liz. Su pulso galopante era una sensación familiar, así como el modo en que él la miraba. Aquellos ojos oscuros brillaban con una mezcla de diversión y exasperación, como si tuviera en las manos un cachorrito adorable que acabara de cometer un desaguisado.
En cuanto entraron en el iluminado vestíbulo, él retiró la mano de la nuca de ella como si quemara.
– ¿Y bien? Creía que no nos hablábamos.
Ella levantó la vista para encontrarse con la mirada de Clay.
– Es lo que he venido a averiguar. ¿Últimamente se te han echado encima otras mujeres?
Él luchó por contener una sonrisa sin conseguido.
– Ninguna tan insolente como tú. Tienes mejor aspecto-añadió.
– He oído cumplidos mucho mejores.
– Si esperas una disculpa, no vas a conseguida.
– Muy bien. Y si esperas que vuelva a insinuarme, también puedes olvidarlo.Ya podemos dejar este tema y pasar a algo más interesante. ¿Me vas a enseñar tu local o tengo que curiosear por mi cuenta? -ella echó un vistazo a su alrededor-. Esto tiene mucha clase para un hombre que siempre andaba metido en líos. No voy a admitir que estoy impresionada, pero…