– Oye, estoy intentando hablar contigo de Liz.

– ¿De mi hermana?

Andy meneó la cabeza y soltó una carcajada.

– Vamos, Clay. Conoces a Liz tan bien como yo. No estoy diciendo que no lo esté pasando mal y además debe pensar que ha sido culpa suya. Pero tiene la cabeza sobre los hombros, como siempre.

– Sí.

– Liz es tan normal como la tarta de manzana.

– Sí.

– No es del tipo de mujer que hace locuras.

– Sí -volvió a admitir Clay, pero pensó: «No».

Debería haber sabido que no tenía sentido hablar con Andy. Liz no dejaría jamás que su hermano viera algo más que una dama decidida, de ojos brillantes y risa fácil.

El Dallas fue ganando hasta pasadas las once. La fuente de palomitas estaba vacía y Liz seguía sin volver a casa. Clay miraba el reloj cada tres segundos y se esforzaba por dominar su inquietud. La había evitado durante una semana. Los problemas de Liz no eran asunto suyo y estar cerca de ella siempre había sido para él tan peligroso como la dinamita. Una dama elegante graduada «cum laude» no necesitaba un hombre de mala reputación cerca de ella. ¡Demonios! Él había acabado la secundaria a duras penas, aunque había vivido mucho. No podía dejar de pensar en ella. Liz estaba en la etapa final del proceso de divorcio. Lo sabía. Lo había visto cientos de veces. Nadie podía rehuir aquellas etapas. Así era la verdad; era algo normal. Pero él no quería que Liz sufriera.

– ¿Qué diablos te pasa esta noche? -preguntó Andy finalmente-. Ni siquiera te has enterado del último tanto.

– Sí me he enterado.

No era verdad. Cuando sonó la puerta principal, saltó del sillón como si hubiera sufrido una descarga eléctrica, sin hacer caso de la mirada de su amigo. Ella se estaba quitando la chaqueta cuando apareció en la puerta. Él vio primero que no llevaba lápiz de labios… o quizás sí lo había llevado y la boca de un hombre lo había borrado. Llevaba un suéter de angora rosa que destacaba sus pechos. La falda dejaba ver demasiada pierna. Sus mejillas mostraban el beso del aire frío. Si hubiera vuelto a casa desde el cine, habría estado pálida.



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