Liz era una mujer peligrosamente vulnerable. Necesitaba consuelo, alguien que la abrazara y escuchara, y lo que le estaba volviendo loco era saber que cualquier otro hombre podría haber estado en el balancín con ella. Otro hombre que podría aprovecharse de su belleza, de su naturaleza generosa, del mágico embrujo de su sensualidad. Era evidente que Liz debía mantenerse alejada de los balancines. Un paseo bajo la lluvia le había parecido una estupenda opción. Nadie siente deseo cuando se está poniendo como una sopa. Con excepción de Clay. Un deseo obsesivo. Cuando ella había posado su boca mojada sobre la suya, sólo había podido pensar en su piel cálida, en su cuerpo tan próximo, en sus ojos rebosantes de deseo y promesas. No iba a abandonar a Liz en una época difícil para ella, pero tenía la intención de asegurarse de que no volviera a darse la posibilidad de una proximidad física. Halloween le había parecido perfecto. Ella quería conocer a su hijo y Clay tenía la conciencia tranquila.

No se trataba de que a Spencer no le gustaran las chicas, pero el hijo de Clay nunca hablaba con una mujer si había un perro en la misma habitación. Durante años, Spencer se había acostumbrado a aterrorizar a cualquier mujer que entrara en la vida de Clay Él no quería que Liz pasara por dicha prueba, pero cuando un hombre tiene en casa una carabina de semejante magnitud…

Una velada de Halloween con Spencer mantendría ocupada a Liz. Lo que él no había imaginado había sido la aparición de Liz en su puerta con una falda de percal zarrapastrosa, pecas pintadas en la nariz y trenzas medio deshechas detrás de las orejas.

Ni Spencer tampoco.

– Más horrible, por favor.

La exigencia de Spencer sacó a Clay de su ensueño.

– ¿No crees que ya estás bastante horrible?

– ¡Demonios, no! Quiero parecer aterrador, pavoroso, sanguinario.

– Puede hacerse, cariño.

Liz se inclinó sobre el hijo de Clay con un tubito blanco. Spencer estaba sentado en la taza con las piernas cruzadas y la cabeza echada hacia atrás. Su cara tenía una base blanca, un ojo con un cuadrado azul y ambas cejas pintadas de amarillo chillón. Lenta y firmemente, dibujó una raya roja en la comisura de la boca. Luego retrocedió para observarle.



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