
Dios cuida del Demonio, que es un pobre diablo. Dios nos dio mucho, pero todavía tiene más para dar.
– Mutatis mutandis -murmuró Mariscal evitando la mirada de la muchacha. Y luego fue recuperando el tono de voz-. Bien, tropa… Aquí no pasó nada. No habéis oído nada. No habéis visto nada. Os habent, et non loquentur. Tienen boca y no hablan. Si aprendéis esto, tenéis más de media vida ganada. Y el resto también es sencillo. Oculos habent, et non videbunt. Tienen ojos y no ven. Aures habent, et non audient. Tienen oídos y no oyen.
En la ruinosa Escuela de los Indianos, su voz resonaba fascinante, ronca y aterciopelada a la vez. Eran todo oídos y todo ojos.
Quedó callado. Medía el peso del hechizo. Luego añadió: «Manus habent, et non palpabunt. Tienen manos y no palpan. De esto no hagáis mucho caso. Las manos son para palpar y los pies para andar. Pero viene a cuento, cuando las cosas tienen dueño, como es el caso».
Escuchaban como escolares sorprendidos por una inesperada lección magistral. Allí tenían a un hombre que hacía la mejor representación posible de sí mismo y que, además, gozaba con ese papel. Mariscal carraspeó para afinar y se tocó los labios.
– En resumen, es fundamental saber para qué sirven los sentidos. ¿Para qué sirven los ojos? Para no ver. Está lo que no se puede ver, lo que no se puede oír, lo que no se puede decir. ¿Para qué es la boca? La boca es para callar. Eso es lo que tiene el latín. Que una cosa lleva a la otra.
Brinco había entendido muy bien lo que quería decir Mariscal. Pero sobre todo le gustaba la forma en la Que lo decía. Aquella seguridad invulnerable. Aquella forma de ejercer el mando de modo burlón, que te cautivaba quisieras o no. Una oscura simpatía. Sintió que le unía a él una inteligencia secreta. Una fuerza más poderosa que la de la rebeldía, pero que no conseguía someterla del todo. Mierda. Las tripas. Es lo que tiene el ruido de las tripas. Qué te parece que todos los demás lo oyen. Las tripas no se entendían con la cabeza. El muy cabrón, cómo le gusta hablar. Cómo le gusta oírse. La boca es para callarse.
