– ¡Hablábamos de mujeres! -puntualizó el sargento Montes-. ¡Jennifer Jones, en Duelo al sol!

– ¡Acabáramos! Ahora que para mí, cuerpo glorioso el de Santa Teresa, es decir, Aurora Bautista.

Dejó que rumiasen un rato el programa inesperado, para luego dar la puntilla.

– ¡Y hablando de cuerpos, no olvidemos el de Ben-Hur!

Los otros se rieron, pero Vargas se quedó confuso: «¿Ben-Hur?».

El guardia más joven siguió el movimiento de las manos enguantadas de Mariscal cuando imitaban el vaivén de remar en las galeras.

– ¿Por qué no se quita nunca los guantes? -preguntó de pronto el guardia.

El sargento Montes carraspeó y simuló prestar atención a la panorámica de la ventana. Por el camino iba aquel inocente, Belvís, imitando el paso de una motocicleta. Brommmm. Brommmm. Así hacía los recados. Mariscal ignoró la pregunta de Vargas. Pero todavía siguió la noria del remar. Hasta que dio una palmada de trabajo hecho.

– Mutatis mutandis. ¡Nadie como John Wayne!

Rumbo asintió, el gesto de okay, y le sirvió un vaso de güisqui de la marca del andarín.

– Con él y con el caballo, haces una película -repitió Mariscal, y bendijo con un trago la sentencia-. No hace falta ni la hembra… Es más. Ni el caballo hace falta. Un arma, sí. Un arma hace falta, claro.

Ceremonioso, hizo tañer las piedras de hielo en el vaso: «A man's got to do what a man s got to do».

– ¡Y de hoy en muchos años! -exclamó Montes, alzando su vaso.

Brinco se levantó y echó a andar hacia la puerta del local. A los hombres les llamó la atención aquel largarse desaborido. Enseguida fue Rumbo quien disparó una advertencia:

– ¡Eh, Víctor! No quiero veros por las ruinas de la escuela.

– ¡Pues el Cojo va! Que lo vi yo -dijo Brinco por el maestro Barbeito.

– Ése sabe dónde pisar.

– Tiene razón tu padre -dijo Mariscal en tono grave-. Ese lugar está… endemoniado. ¡Siempre lo estuvo!



34 из 189