– Sabes que tú escribiste la mayor parte -replicó Miranda-. El libro es en realidad tuyo y los derechos de autor también lo serán -añadió. Entonces, levantó una mano-. No pienso aceptar ninguna otra opinión al respecto, pero me había imaginado que habrías aprendido algo. Lo que fuera.

Lily frunció el ceño. Entonces, poco a poco, se fue dando cuenta de lo que Miranda quería decir.

– ¿A qué te refieres?

– A nada. Nada de nada -contestó Miranda encogiéndose de hombros.

– Así que eso era lo que buscabas, ¿verdad? ¿Me hiciste escribir ese libro con la única intención de que yo aprendiera a seducir a un hombre?

– Bueno, no esperaba que fuera tan bueno. Pensé que terminaría metiéndolo en un cajón sin mayores consecuencias. Pero era demasiado bueno. Las investigaciones que llevaste a cabo, combinadas con mi experiencia, convirtieron tu manuscrito en algo digno de ver la luz. Puedes demandarme. Pensaba que te estaba haciendo un favor.

Lily cruzó los brazos sobre el pecho.

– Vas a dejar ahora mismo de meterte en mi vida, Miranda. Sabes que te quiero mucho, pero esto tiene que terminarse. ¿Sabes lo mucho que trabajé en ese libro? Yo creía que te estaba ayudando y tú simplemente me estabas engañando.

– Y cuando el libro salga el año que viene, serás por fin una escritora publicada y tendrás tu hombre -afirmó Miranda. Se puso de pie y se colocó el bolso debajo del brazo-. Voy a por algo de beber. Resulta más fácil controlarte en un vuelo cuando te has tomado unos cuantos cócteles.

Lily observó a su madrina mientras se dirigía al bar. Siempre había soñado con conseguir que le publicaran un libro, pero no así. No con un libro sobre sexo. Llevaba ya seis meses trabajando en su propia novela, una historia muy sencilla sobre una joven que trata de encontrar su lugar en el mundo. Sin embargo, entre el horario de Miranda y sus propias inseguridades, Lily aún no había podido encontrar mucho tiempo para trabajar.



5 из 155