
Observó cómo Miranda se acercaba a Aidan Pierce y se presentaba. Entonces, señaló con la cabeza a Lily. Aidan Pierce se giró hacia ella para luego centrar de nuevo su atención en Miranda.
– Tengo que conseguir una vida propia -susurró.
Lo haría. En cuanto regresaran de París, se buscaría un apartamento. Tal vez entonces, si un hombre como Aidan Pierce la miraba, tendría el valor suficiente para acercarse a él y saludarlo.
Capítulo 1
El presente verano…
– Señoras y caballeros, bienvenidos a nuestro vuelo Los Ángeles-Nueva York. Mientras nos preparamos para despegar, nuestro personal de cabina les ofrecerá algo de beber. Estaba previsto que despegáramos a las 21:30, pero vamos a demorarnos unos veinte minutos más. No obstante, el capitán nos ha asegurado que llegaremos a Nueva York a la hora estipulada.
El timbre sonó. Lily cerró los ojos y agarró con fuerza los reposabrazos de su asiento, tanta que los nudillos se le quedaron blancos. Esos eran los momentos que más odiaba. La espera. El periodo de tiempo entre el instante en el que se colocaba el cinturón de seguridad y el momento en el que, por fin, el avión despegaba.
Aunque había estado a punto de superar su miedo a volar aproximadamente hacía un año, el viaje a París que realizó con Miranda había renovado y duplicado sus temores. El avión perdió un motor en medio del Atlántico y se había visto a realizar un aterrizaje de emergencia en Irlanda. Lily se negó a montarse de nuevo en aquel avión y decidió trasladarse a París por medio de barcos y trenes. Cuando llegó el momento de regresar a casa, lo hizo del mismo modo: mediante el Queen Elizabeth II y recorriendo luego los Estados Unidos en tren. Desde entonces, se había negado a volver a montarse en avión.
Miró su libro de autoayuda. Se había leído seis libros sobre aquel tema en los últimos dos meses, había visto a una psicóloga y a un psiquiatra y había asistido a dos seminarios que garantizaban el éxito a la hora de superar el miedo a volar.
