Se metió la mano en el bolso y sacó un pequeño álbum de fotos. Lo había realizado en un taller que hizo para superar su miedo a volar. A los participantes se les había pedido que seleccionaran fotos que representaran todo lo que deseaban hacer en el futuro. Durante un viaje en avión, debía encontrar una foto en la que poder centrarse.

Lily hojeó el álbum. Encontró una fotografía de la Gran Muralla China, el destino turístico que siempre había deseado visitar, y otra de un perrito muy mono. Ella siempre había querido tener un perro, pero Miranda era alérgica. Además, vio una fotografía de una modelo con un sensual traje de baño. Algún día, podría perder diez kilos y tendría justamente ese aspecto.

De repente, se detuvo. Tenía frente a ella una foto de Aidan Pierce que había recortado de la revista Premiere. Algún día, encontraría un hombre que le hiciera suspirar tanto como él. Desde que lo vio por primera vez hacía ya un año, no había podido evitar seguir su trayectoria profesional en las revistas. Había comprado todas sus películas en DVD y había leído todo lo que había podido encontrar sobre su vida. Ocasionalmente, se había permitido tener una fantasía o dos imaginándose lo que sería tener un hombre como Aidan en la cama.

La azafata regresó con la copa de Lily y se la colocó sobre la bandeja.

– Tendré que llevarme el vaso antes de que despeguemos.

Un hombre pasó por detrás de la azafata. La mujer sonrió cuando el pasajero la golpeó sin querer con su bolsa de viaje. Lily tomó un sorbo de su vodka y observó cómo el pasajero buscaba espacio libre en los compartimientos superiores. Entonces, él se giró y Lily pudo verlo de perfil.

Contuvo tan violentamente la respiración, que el vodka se le fue por el lado equivocado. Empezó a toser violentamente y, mientras trataba de recuperar el aliento, se cubrió la boca con una servilleta.



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