
Con su hermana y, como Isabel descubriría menos de veinticuatro horas después, con todo el dinero de Isabel.
Michael Sheridan acompañó a Isabel mientras ésta tuvo que tratar con la policía, así como durante las largas y engorrosas reuniones con los funcionarios de Hacienda. No era, literalmente hablando, sólo su abogado sino el hombre al que amaba, y ella nunca se había sentido más agradecida de que formase parte de su vida. Pero ni siquiera su presencia resultó suficiente para evitar el desastre, pues a finales de mayo, dos meses después de recibir aquella desastrosa carta, sus peores temores se vieron confirmados.
– Voy a perderlo todo -dijo, y se frotó los ojos llorosos, reclinándose en el sillón Queen Anne del salón de su casa del Upper East Side. La habitación estaba recubierta con paneles de cerezo y alfombras orientales iluminadas por la suave luz de lámparas Frederick Cooper. Sabía que las posesiones terrenales eran pasajeras, pero no esperaba que fuesen tan pasajeras-. Tendré que vender esta casa… Mis muebles, mis joyas y todas mis antigüedades. -También tendría que desmantelar su fundación benéfica, que tanto bien había hecho a gente necesitada. Tendría que deshacerse de todo.
No le estaba diciendo a Michael nada que él no supiese ya, sólo intentaba hacerlo real para poder asimilarlo. Al ver que él no respondía, le miró con ternura.
– Has estado callado toda la noche. Te agoto con mis quejas, ¿verdad?
Él se apartó de la ventana desde la que estaba contemplando el parque.
– No eres una quejica, Isabel. Simplemente estás intentando reorientar tu vida.
– Amable como siempre. -Isabel le dedicó una triste sonrisa y enderezó uno de los cojines bordados del sofá.
Ella y Michael no vivían juntos -Isabel no creía en ello-, pero a veces deseaba que así fuese. Vivir separados implicaba el verse muy poco. En los últimos tiempos, apenas habían podido mantener su cena semanal de los sábados. Y en lo referente al sexo… Isabel no recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que uno de los dos había sentido deseos de hacerlo.
