—El señor Mandrake me contó que, excepto por la parte referida a salir del cuerpo —dijo orgullosamente la señora Davenport—, mi experiencia cercana a la muerte fue una de las mejores que había registrado.

“No me extraña”, pensó Joanna. No tenía sentido continuar con aquello.

—Gracias, señora Davenport —dijo—. Creo que tengo suficiente.

—Pero no le he hablado todavía de la Revisión de Vida —dijo la señora Davenport, dispuesta a colaborar de repente—. El Ángel de Luz me hizo mirar un cristal, y me mostró todas las cosas que había hecho, buenas y malas, toda mi vida.

“Que ahora procederá a contarme”, pensó Joanna. Se metió la mano en el bolsillo y volvió a conectar el busca. “Pita —ordenó—. Ahora.”

—…y entonces el cristal me mostró aquella vez que me dejé las llaves dentro del coche, y me puse a buscarlas en el bolso y en los bolsillos del abrigo y…

Ahora que Joanna quería que el busca sonara, el aparato permaneció obstinadamente en silencio. Necesitaba uno con un botón que pudieras pulsar para que sonara en casos de emergencia. Se preguntó si en Radio Shack tendrían uno.

—… y entonces me mostró que entraba en el hospital y mi corazón se detenía —dijo la señora Davenport—, y entonces la luz empezó a encenderse y apagarse, y el Ángel me tendió un telegrama, igual que el que recibimos cuando mataron a Alvin, y dije: “¿Significa esto que estoy muerta?” El Ángel respondió: “No, es un mensaje diciéndote que debes regresar a tu vida terrenal.” ¿Está anotando todo esto?

—Sí —dijo Joanna, escribiendo: “Hamburguesa con queso, patatas fritas, Coca-Cola grande.”

—”Todavía no ha llegado tu hora”, dijo el Ángel de Luz, y lo siguiente que vi fue que estaba de vuelta en la sala de operaciones.



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