Alguien como Susannah.

Susannah no era adecuada para Clive. Y quizás, incluso más, Clive no había sido adecuado para ella. Susannah necesitaba a alguien más. Alguien más maduro. Alguien como…

Los pensamientos de David atravesaron, como un susurro, su alma. Susannah necesitaba a alguien como él.

El principio de una idea comenzó a formarse en su mente. David no era de la clase de personas dadas a lanzarse a la acción imprudente, pero tomaba decisiones rápidamente, basándose tanto en lo que sabía como lo que sentía.

Y mientras permanecía allí sentado, en el Teatro Real, en Drury Lane, ignorando a los actores sobre el escenario a favor de la mujer sentada en el palco contiguo al suyo, tomó una importante decisión.

Él iba a casarse con Susannah Ballister.

Susana Ballister no, Susannah Mann-Formsby, Condesa de Renminster. La brillantez de la idea lo atravesó como un rayo.

Sería una excelente condesa. Era hermosa, inteligente, con principios, y orgullosa. Él no sabía por qué no había notado todo eso antes, probablemente porque él siempre se había encontrado con ella en compañía de Clive, y Clive tendía a ensombrecer a todos en su presencia.

David había pasado los últimos años con los ojos abiertos ante una potencial novia. No tenía ninguna prisa por casarse, pero sabía que tendría que tomar una esposa finalmente, y cada mujer soltera que había conocido había sido mentalmente inventariada y tasada.

Y todas habían sido descartadas.

Ellas habían sido demasiado tontas o demasiado aburridas. Demasiado tranquilas o demasiado charlatanas. O si ellas no eran demasiado algo, tampoco lo eran lo bastante.

No eran correctas. No eran alguien a quien él pudiera imaginarse contemplando al otro lado de la mesa de desayuno durante los años venideros.

Él era un hombre exigente, pero ahora, mientras sonreía para si mismo en la oscuridad, le pareció que esperar, definitivamente, había valido la pena.



26 из 99