
David robó otro vistazo del perfil de Susannah. Dudó que ella, ni siquiera, notara que él la miraba, tan absorta como estaba en la representación. De tanto en tanto sus labios se separaban dejando escapar un suave e involuntario "¡Ah!", y aunque él supiera que era sólo su imaginación, él podría jurar que sentía el viaje de su aliento a través del aire, aterrizando ligeramente sobre su piel.
David sintió que su cuerpo se tensaba. Jamás se le había ocurrido que, realmente, podría ser lo bastante afortunado para encontrar una esposa a quien considerara deseable. Qué bendición.
La lengua de Susannah asomó, humedeciendo sus labios.
Sumamente deseable.
Él se recostó, incapaz de detener la sonrisa satisfecha que se arrastró a través de sus rasgos. Él había tomado una decisión; ahora todo lo que tenía que hacer era trazar un plan.
* * *
Cuando las luces del teatro se encendieron después del tercer acto para anunciar el intermedio, Susannah al instante miró al palco contiguo, absurdamente impaciente por preguntar al conde lo que pensaba de la obra hasta entonces.
Pero él se había ido.
"Qué raro," murmuró para si misma. Debió haberse marchado sigilosamente; ella no había notado su salida en lo más mínimo. Se recostó con los hombros caídos ligeramente en su asiento, sintiéndose extrañamente decepcionada por su desaparición. Tenía ganas de preguntarle su opinión sobre la interpretación de Kean, la cual se diferenciaba enormemente de cualquier otro Shylock que ella hubiera visto antes. Había estado segura que él tendría algo interesante que decir, algo que quizás ella misma no hubiera notado. Clive nunca había querido hacer algo más durante los intermedios que fugarse al vestíbulo donde podía charlar con sus amigos.
De todos modos, era probablemente mejor que el conde se hubiera marchado. A pesar de su amistoso comportamiento antes de la interpretación, todavía le resultaba difícil de creer que él estuviera en disposición amistosa hacia ella.
