Los labios de Susannah se separaron, el aliento atascado en la garganta. "Gracias, Letitia," dijo finalmente, su tono ronco acariciando el nombre de su hermana.

Letitia simplemente se encogió de hombros, obviamente no queriendo ponerse sentimental. "No es nada," dijo ella, su airoso tono desmentido por su leve sorber de mocos. "Pero creo que deberías aceptar la oferta del conde en cualquier caso. Aunque solo sea por restaurar tu popularidad. Si un baile con él pudo hacerte aceptable otra vez, piensa lo que un día entero de patinaje hará. Seremos asaltadas por las visitas de los caballeros. "

Susannah suspiró, realmente dividida. Había disfrutado de su conversación con el conde en el teatro. Pero ella era menos confiada desde que Clive le había dado calabazas el verano pasado. Y no quería ser nuevamente objeto de desagradables chismorreos, los cuales empezarían seguramente al minuto de que el conde decidiera prestar atención a alguna otra señorita.

"No puedo," dijo a Letitia, levantándose tan repentinamente que su silla casi se cayó. "Sencillamente no puedo. "

Sus excusas fueron enviadas al conde una hora más tarde.


* * *

Exactamente sesenta minutos después de que Susannah viera a su lacayo marcharse con su nota para el conde, rehusando su invitación, el mayordomo de los Ballisters la encontró en su habitación y la informó que el conde en persona había llegado y la esperaba abajo.

Susannah jadeó, dejando caer el libro que ella había estado tratando de leer toda la mañana. Este aterrizó sobre su dedo del pie.

"¡Guau! " exclamó ella.

"Se ha hecho usted daño, señorita Ballister? " preguntó el mayordomo cortésmente.

Susannah negó con la cabeza aunque su dedo del pie palpitara. Estúpido libro. No había sido capaz de leer más de tres párrafos en una hora. Siempre que miraba una página, las palabras se emborronaban y enturbiaban hasta que lo único que podía ver era la cara del conde.



38 из 99