
"Sí," dijo, moviéndose de modo que su patín se alineara al lado del de ella. "Mire esto. Las mías son al menos cinco centímetros más largas. "
"Bien, usted es una persona mucho más alta," contestó ella, sonriéndole, sentada aún sobre el banco.
"Una teoría interesante," dijo él, "salvo que las mías parecen realmente ser de un tamaño estándar. " Señaló con su mano hacia el río, donde innumerables damas y caballeros se deslizaban a través del hielo… o se caían sobre su trasero. "Los patines de todo el mundo son como los míos. "
Ella se encogió de hombros mientras permitía que él la ayudara a ponerse de pie. "No sé que decirle," dijo ella, "salvo que los patines como los míos son bastante comunes en Sussex. "
David echó un vistazo hacia el pobre y desdichado Donald Spencer, que en ese momento estaba siendo empujado en la espalda por su madre, Lady Moreland. Los Moreland, estaba bastante seguro, procedían de Sussex, y sus patines no se parecían en nada a los de Susannah.
David y Susannah anduvieron con dificultad hasta el borde del hielo – realmente, ¿quién sabía andar con patines por la tierra? – y luego él le ayudó a entrar en el río congelado. "Vigile su equilibrio," la instruyó él, disfrutando de la forma en que ella agarraba su brazo. "Recuerde, el secreto está en las rodillas. "
"Gracias," murmuró ella. "Lo haré. "
Se introdujeron en la pista helada y David los condujo a un área menos transitada donde no tendría que preocuparse tanto de que algún bufón chocara contra ellos. Susannah parecía tener una aptitud natural para ello, perfectamente equilibrada y completamente integrada en el ritmo del patinaje.
David entrecerró los ojos con sospecha. Era difícil imaginar a alguien pillándole el truco al patinaje tan rápidamente, y mucho menos a una pequeña muchacha. "Usted ha patinado antes," dijo él.
"Unas pocas veces," confesó ella.
Solamente para ver lo que pasaba, él efectuó una rápida parada. Ella lo siguió admirablemente, sin ni siquiera un tropezón. "¿Más que unas pocas, quizás? " preguntó él.
