
Ella se atrapó el labio inferior entre los dientes.
"¿Tal vez más de una docena de veces? " preguntó él, cruzándose de brazos.
"Er, tal vez. "
"¿Por qué me dijo que no sabía patinar? "
"Bien," dijo ella, cruzando sus brazos en una perfecta imitación de él, "pudo ser porque buscaba una excusa para no venir. "
Él retrocedió, al principio sorprendido por su muestra de sinceridad, pero después más bien impresionado por ello.
Había muchas, muchas cosas magníficas en el hecho de ser un conde, y ricos y poderoso además. Pero la honestidad de los conocidos de uno no era una de ellas. David no podía contar el número de veces en que había deseado que alguien simplemente lo mirara a los ojos y le dijera lo que realmente pensaba. La gente tenía mucho cuidado en decir lo que ellos pensaban que él quería oír, lo cual, lamentablemente, raramente coincidía con la verdad.
Susannah, por otra parte, era lo bastante valiente para decirle precisamente lo que pensaba. David estaba asombrado de lo refrescante que esto era, aún cuando significara que ella estaba, en realidad, insultándolo.
Y entonces simplemente sonrió. "¿Y ha cambiado de opinión? "
"¿Sobre la reunión de patinaje? "
"Sobre mí," dijo él suavemente.
Sus labios se entreabrieron de sorpresa por su pregunta. "Yo" comenzó ella, y él pudo ver que no sabía como responder. Comenzó a decir algo, para salvarla del incomodo momento que él había provocado, pero entonces ella lo sorprendió al levantar los ojos, mirarlo directamente a los suyos, y decir sencillamente, con esa franqueza que él había encontrado tan atractiva, “Estoy decidiéndolo todavía. "
Él se rió entre dientes. "Supongo que eso significa que tendré que aguzar mis poderes de persuasión. "
Ella se sonrojó, y él supo que pensaba en su beso.
