Como una peonza. Él nunca había visto algo semejante antes.

Sus pies nunca abandonaban el hielo, pero de alguna manera ella giraba sobre si misma, una vez, dos veces, tres veces…

¡Cielos!, ella hizo siete giros completos antes de pararse, completamente encendida de alegría.

"¡Lo hice! " gritó ella, riéndose mientras lo decía.

"Ha sido asombroso," dijo él, patinando a su lado. "¿Cómo lo hizo? "

"No sé. Nunca había conseguido hacer siete giros antes. Siempre doy tres, tal vez cuatro si soy afortunada, y la mitad de las veces acabo cayéndome. " Susannah hablaba rápidamente, atrapada en su propia excitación.

"Recuérdeme que no la crea la próxima vez que me diga que no puede hacer algo. "

Por la razón que fuera, sus palabras la hicieron sonreír. Una amplia sonrisa que brotaba de lo más profundo de su corazón y su alma. Ella había pasado los últimos meses sintiéndose como un fracaso, como un hazmerreír, recordándose constantemente todas las cosas que ella no podía o no debía hacer.

Y ahora aquí estaba este hombre -este maravilloso, apuesto e inteligente hombre-que le decía que podía hacer cualquier cosa.

Y en la magia del momento, ella casi lo creyó.

Esta noche regresaría a la realidad, volvería a recordar que David era también un conde e incluso peor- un Mann-Formsby, y que probablemente ella iba a lamentar su asociación con él. Pero por el momento, mientras el sol brillaba como un diamante sobre la nieve y el hielo, mientras el viento frío la hacía sentir como si finalmente despertara de un largo y profundo sueño, ella iba, simplemente, a divertirse.

Y se rió. Justo allí, entonces, sin importarle quien pudiera verla u oírla, ni siquiera si todos la miraban como si fuera una lunática. Ella se rió.

"Dígame," dijo David, patinando a su lado. "¿Qué es tan gracioso? "



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