
"¿Dónde está Harriet? " preguntó David.
"Con su madre cerca del fuego. No le gusta el frío. "
Permanecieron allí de pie durante un momento, un torpe trío sin nada que decir. Era extraño, pensó Susannah, dejando vagar sus ojos despacio de un hermano Mann-Formsby al otro. Durante todo el tiempo que había pasado con Clive, nunca lo había visto quedarse sin palabras o sin una sonrisa fácil. Él era un camaleón, deslizándose y adaptándose a cualquier situación con extrema facilidad. Pero ahora, él simplemente contemplaba a su hermano con una expresión que no llegaba a ser de hostilidad.
Pero tampoco era amistosa.
David no parecía muy contento, tampoco. Él tendía a permanecer más erguida y rígidamente que Clive, su postura era siempre correcta y formal. Verdaderamente, era raro que cualquier hombre se moviera con la sencilla y fluida gracia que Clive personificaba. Pero ahora David parecía, incluso, casi demasiado tieso, su mandíbula demasiado apretada. Cuando ellos se habían reído con tanta fuerza, solo unos momentos antes en el montón de nieve, ella había visto al hombre y no al conde.
Pero ahora…
El conde, definitivamente, había regresado.
"¿Quieres dar una vuelta sobre el hielo? " preguntó Clive, de repente.
Susannah se sobresaltó sorprendida cuando de dio cuenta de que Clive se dirigía a ella. No es que pensara que él hubiera querido dar una vuelta sobre el hielo con su hermano, pero de todos modos, tampoco parecía apropiado que lo hiciera con ella. Sobre todo con Harriet tan cerca.
Susannah frunció el ceño. Especialmente con la madre de Harriet tan cerca de Harriet. Esta era una de esas cosas que ponían a una esposa en una posición potencialmente embarazosa; era incluso peor hacérselo a la suegra de alguien.
"No estoy segura de que sea una buena idea," trató de escabullirse ella.
